Valor del Mes: Asociarse
Lema del Mes: “Reúnanse todas las gentes y los pueblos” (Is 43,9)

Liturgia de la Palabra Hoy

PRIMERA LECTURA

...librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante...

Lectura de la Carta a los Hebreos: 12, 1-4

Hermanos: Rodeados, como estamos, por la multitud de antepasados nuestros, que dieron prueba de su fe, dejemos todo lo que nos estorba; librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe. El, en vista del gozo que se le proponía, aceptó la cruz, sin temer su ignominia, y por eso está sentado a la derecha del trono de Dios.

Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo. Porque todavía no han llegado ustedes a derramar su sangre en la lucha contra el pecado.

Palabra de Dios. 
Te alabamos, Señor.


SALMO

Salmo 21
R/. Alaben al Señor los que lo buscan.

Le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre. R/. 

Recordarán al Señor y volverán a él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. Sólo ante él se postrarán todos los que mueren. R/.

Mi descendencia lo servirá y le contará a la siguiente generación, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Señor y todo lo que él ha hecho. R/.

EVANGELIO

¡Óyeme, niña, levántate!

Lectura del santo evangelio según san Marcos:

Gloria a ti, Señor

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: `¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor. 
Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXIÓN

Por el P. Juan Tomás García, msc en http://elevangeliohoy.blogspot.com/

Dos episodios nos son contados en el evangelio de hoy para hablarnos de la sinceridad de la caridad. En el episodio introductor, Jairo, jefe de la sinagoga, una persona con nombre, de una clase social que rechaza a Jesús, se le acerca a pedirle que le devuelva la vida a su hija fallecida. El texto nos dice que Jairo se pone en camino con Jesús. El episodio intercalado en la historia de Jairo y de su hija con Jesús, una mujer padece una enfermedad que le hace impura de acuerdo a las concepciones de la época. Había gastado todo lo suyo buscando su salud. Marginada por ser mujer, por enferma y por pobre, se acerca a Jesús y no se atreve a hablarle, piensa para ella que quizá baste con tocarle el manto y sin que él lo sepa, robarle un milagro, y así fue.

Pero su acción no la dejará en el anonimato, la relación con Jesús ha de ser personal. ¿Quién me ha tocado los vestidos? Al estar apretujado por la gente, la pregunta puede sobrar pero Jesús sabe lo que hace, él le permite a la mujer marginada y desconocida salir de su anonimato y su marginación y presentarse delante de todos “atemorizada y temblorosa”. Al sentirse acogida en su persona con toda dignidad por Jesús, ella contará su verdad y Jesús valorando su fe y su iniciativa le dice: “tu fe te ha sanado; vete en paz”. Le da la salud corporal y social, tener fe es tener vida. Entretanto, Jairo, con Jesús y los que le acompañan llegan a su casa donde había muerto su hija y le levanta tomándola de la mano sin hacer espectáculos ni buscarse fama. Que la fe nos cure y alegre.

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