Valor del Mes: Asociarse
Lema del Mes: “Reúnanse todas las gentes y los pueblos” (Is 43,9)

Historia del Santuario

La devoción altagraciana en Santiago, si bien pueden situarse elementos que la remontan al siglo XVIII, vino a tener un centro de culto en el siglo XIX. Ubicada en la esquina de las calles Del Sol y General Luperón (que se conoció como calle de La Altagracia), la primera edificación dedicada a la Protectora Nacional ya había empezado a construirse para 1869. Conforme indica Nicanor Jiménez, ésta se empezó a erigir en el sitio de Las Tres Cruces, pero “a causa de la gran distancia de la población y el mucho monte” fue trasladada a su definitiva ubicación en la calle Del Sol.
El templo fue bendecido el 4 de abril de 1874 y el día 22 del mismo mes y año fue erigido en sede de la parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia mediante decreto del Arzobispo Fray G. A. Santaché, Delegado Apostólico de la Santa Sede, quien daba vigencia así a una división eclesial ordenada en 1854 por el Arzobispo Portes.
El 9 de febrero de 1943, los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús pasaron a ocupar la regencia de la parroquia, siendo el primer párroco el sacerdote canadiense Cipriano Fortín, mentor y propulso de la construcción del actual templo que honra a la Augusta Madre de Dios. Fortín desempeñó la curia hasta el 20 de diciembre de 1951, siendo sustituido por el padre José Coulombe. Bajo su dirección pastoral se bendijo la iglesia, el 29 de marzo de 1953, Domingo de Ramos. Fue bendecida por Monseñor Ricardo Pittini.
Acogiendo una solicitud de los Misioneros del Sagrado Corazón, a instancias del P. Darío Taveras msc Superior Provincial y su Consejo, en fecha 14 de enero del año 2000, solicitando que dicha parroquia sea elevada a la categoría de Santuario Mariano, Mons. Juan Antonio Flores Santana emitió el decreto de fecha 20 del mes de enero del año 2000, en el cual erigió a Santuario Mariano Arquidiocesano, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Altagracia.

Veamos algunas partes del decreto de erección:
Decreto de erección del Santuario Mariano de la Iglesia parriquial Nuestra Señora de la Altagracia.
Considerando: que todos los cristianos están invitados a tomar parte en la gran peregrinación que Cristo, la Iglesia y la humanidad han recorrido y deben seguir recorriendo la historia; y el santuario hacia el cual se dirigen debe convertirse en “la tienda del encuentro”, como la Biblia denomina el tabernáculo de la alianza;
Considerando: que la Virgen María es santuario vivo del Verbo de Dios, el Arca de la Alianza nueva y eterna, al concebir y acoger en su seno al Hijo de Dios, Jesucristo, nuestro Salvador;
Considerando: que en esta Arquidiócesis no tenemos santuario mariano, y tenemos necesidad de él por la gran piedad de los fieles hacia la Madre de Dios, invocada por los dominicanos con el título de Nuestra Señora de la Altagracia; y que ya los fieles tradicionalmente acuden con frecuencia a esta Iglesia parroquial como si fuera un verdadero santuario mariano;
Venimos a erigir y erigimos en Santuario mariano Arquidiocesano la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Altagracia, en esta ciudad de Santiago de los Caballeros.
A solicitud del Arzobispo de Santiago de los Caballeros, la Penitenciaría Apostólica, por mandato del Sumo Pontífice Juan Pablo II, en fecha 11 de marzo del 2000, concede in perpetuum, indulgencia plenaria a todos los fieles que durante el novenario en honor de Nuestra Señora de la Altagracia, visiten este santuario, participando devotamente de alguna celebración litúrgica, o al menos, recen el Padrenuestro y el Credo, excluido todo afecto al pecado, cumpliendo con las debidas condiciones (la confesión sacramental, la comunión eucarística y una oración por el papa), obteniendo esa indulgencia plenaria sólo una vez durante dicho novenario.
Según el Enquiridion de las Indulgencias se concede también indulgencia plenaria, con los mínimos requisitos, a los fieles que visiten este Santuario: a) en la solemnidad del titular; b) una vez al año, el día que elija el fiel cristiano y; c) cada vez que venga un grupo de peregrinación.
Dado en Santiago de los Caballeros a los veinte (20) días del mes de enero del Año Jubilar dos mil (2000).

Juan Antonio Flores Santana
Arzobispo de Santiago de los Caballeros

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