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Historia de la Parroquia

La devoción altagraciana en Santiago, si bien pueden situarse elementos que la remontan al siglo XVIII, vino a tener un centro de culto en el siglo XIX. Ubicada en la esquina de las calles Del Sol y General Luperón (que se conoció como calle de La Altagracia), la primera edificación dedicada a la Protectora Nacional ya había empezado a construirse para 1869.


Conforme indica Nicanor Jiménez, ésta se empezó a erigir en el sitio de Las Tres Cruces, pero “a causa de la gran distancia de la población y el mucho monte” fue trasladada a su definitiva ubicación en la calle Del Sol. Su Junta de Fábrica estuvo compuesta, entre otros, por el Pbro. Luciano de la Concepción Santana, Juan Evangelista Gil, Justiniano Jiménez, Remigio Batista, Isidoro Pacheco, Teodoro Gómez, Basilio Tapia y Eugenio González.
 El templo fue bendecido el 4 de abril de 1874 y el día 22 del mismo mes y año fue erigido en sede de la parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia mediante decreto del Arzobispo Fray G. A. Santaché, Delegado Apostólico de la Santa Sede, quien daba vigencia así a una división eclesial ordenada en 1854 por el Arzobispo Portes. La nueva demarcación comprendería el extremo oriental de la ciudad, así como Licey, Gurabo Arriba, Gurabo Abajo, Pontezuela, Las Palomas, Canabacoa, Canca, Guazumal, Tamboril, Nibaje, Las Totumas, Hato Mayor, Monte Adentro, Puñal, Los Amaceyes, Limonar, Colorado, Pedro García, Hoya del Caimito, Buena Vista, Marilópez, Rincón Largo, Biojó, Matanzas, Sabana Grande, Ortega y Colorado.
La creación de la nueva parroquia trajo la crítica del Ayuntamiento, dado los efectos que ello traería para la conclusión de la Iglesia Mayor, cuya reconstrucción se había iniciado en 1868. En su criterio, externado en una protesta pública aparecida en el periódico El Dominicano el 21 de junio de 1874, su vecindad se consideraría “desobligada para con la Iglesia mayor” por atender a su embellecimiento y decencia, hasta entonces – como reseñaba el periódico El Orden del 6 de septiembre de 1874 – “sumamente pobre”, sin “los ornamentos necesarios” y sin “una cobija decente”. Efectivamente, los habitantes del “pueblo arriba” se mostraron sumamente satisfechos con la creación de la nueva parroquia. Rápidamente, en septiembre de 1874, el Poder Ejecutivo proveyó a sus vecinos de ochenta quintales de zinc para techarla y en octubre del mismo año bendijeron su pila bautismal y su campanario. En algún momentos posterior, se inició la reconstrucción de su estructura en mampostería y zinc, que detenida no sabemos en qué momento, se reinició en 1880. Paralizada nuevamente un tiempo, se continuó entre septiembre y noviembre de 1881, gracias al aporte de los vecinos en limosna, el acarreo de materiales en corveles y la asignación del 25% del porcentaje de los ingresos correspondientes al Fisco por concepto del cobro del derecho de patentes. Esta reedificación, que implicó la reconstrucción de su fachada por parte del maestro Onofre de Lora por encargo del Pbro. Juan Luis Pérez, fue consagrada en diciembre de 1881, aun cuando faltaron por concluir las columnas de mampostería del interior y la cubierta en madera de la parte superior de la nave principal, trabajos estos que ya se avanzaban en febrero de 1882. En 1885 se le adicionó un nuevo campanario también en mampostería, cuya construcción ya se llevaba a cabo en 1883 y para cuya terminación se recurrió a una lotería. También en 1885, el presidente Ulises Heureaux le donó un órgano. Su casa parroquial se construyó con posterioridad a 1889 en un solar en la esquina de las calles General Luperón y Del Sol, propiedad de la parroquia, conforme título expedido entonces por el Ayuntamiento con la autorización del Congreso Nacional. Don Juan Rodríguez, sacristán que fue de esta parroquia de 1942 a 1982, nos relató en una entrevista que le hiciéramos en 1993, que esa vieja edificación fue demolida entre 1937 y 1938 y que en 1939 el padre Leocadio Délas hizo levantar en la esquina diagonal a su solar una capilla de madera y zinc en la que siguieron celebrándose provisionalmente los oficios religiosos. El 9 de febrero de 1943, los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús pasaron a ocupar la regencia de la parroquia, siendo el primer párroco el sacerdote canadiense Cipriano Fortín, mentor y propulso de la construcción del actual templo que honra a la Augusta Madre de Dios. Sus obras se iniciaron en 1947 bajo la dirección del Ing. Rafael Aguayo Ceara y la supervisión del propio padre Fortín. El maestro de obras fue el señor Niño Pepín. Los magros fondos obtenidos a través de donaciones, rifas y kermés y la lentitud de los trabajos, determinaron que el gobierno erogara los fondos para su terminación y que el Ing. Aguayo fuera sustituido por el Ing. Caro, quien llevó a término la construcción. Tuvo un costo de RD$263,000.00. El cambio de los profesionales implicó que las orientaciones del padre Fortín ya no fueran atendidas, modificando Caro la altura original de las torres, que resultan más altas que las diseñadas originalmente. Sin embargo, es su considerable elevación la que acentúa la verticalidad del edificio, convirtiéndolo en un hito referencial importante del casco urbano. Fortín desempeñó la curia hasta el 20 de diciembre de 1951, siendo sustituido por el padre José Coulombe. Bajo su dirección pastoral se bendijo la iglesia, el 29 de marzo de 1953, Domingo de Ramos. Fue bendecida por Monseñor Ricardo Pittini y al acto asistió el Presidente Rafael Leonidas Trujillo. Los ornamentos, imágenes y campanas de la antigua iglesia fueron trasladados al nuevo edificio. En el altar mayor – que hizo construir el hermano Alberto Plourde, M. S. C. – se colocó el cuadro de la Virgen, mientras en el crucero se instaló el conjunto de San José y María. Las demás imágenes – San Rafael, San José, Santo Niño de Atocha, Virgen del Rosario, entre otras – estaban distribuidas en la nave. Estas fueron eliminadas tras las disposiciones ordenadas por el Concilio Vaticano II y se depositaron en la sacristía. Tras la construcción del altar actual, hecho en mármol, hubo otras innovaciones; se integraron las imágenes de Cristo Crucificado, del Sagrado Corazón de Jesús y de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, devoción ésta que no era conocida aquí. En la época del padre René Bouchard se el conjunto de La Piedad, que ocupó el brazo sur crucero.

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