Valor del Mes: Asociarse
Lema del Mes: “Reúnanse todas las gentes y los pueblos” (Is 43,9)

Espiritualidad del Santuario

Con el nombre de santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, con la aprobación del Ordinario del lugar. En el santuario, el encuentro con el Dios vivo se propone a través de la experiencia vivificante del Misterio proclamado, celebrado y vivido: “En los santuarios se debe proporcionar abundantemente a los fieles los medios de salvación, predicando con diligencia la palabra de Dios y fomentando con esmero la vida litúrgica principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y practicando también otras formas aprobadas de piedad popular”. Así, los santuarios son como hitos que orientan el caminar de los hijos de Dios sobre la tierra, promoviendo la experiencia de convocación, encuentro y construcción de la comunidad eclesial.
La teología del Santuario se apoya en las tres dimensiones del tiempo, que son memoria, presencia y profecía del Dios-con-nosotros. Con respecto al pasado único y definitivo del evento salvífico, el santuario se presenta como memoria de que nuestro origen está en el Señor del cielo y de la tierra; con respecto al presente de la comunidad de los redimidos, congregada en el tiempo que transcurre entre la primera venida del Señor y la última, se presenta como signo de la Presencia divina, lugar de la alianza, donde se expresa y se regenera siempre de forma nueva la comunidad del pacto; y con respecto al futuro cumplimiento de la promesa de Dios, al "todavía no" que es el objeto de la esperanza mayor, el santuario se presenta como profecía del mañana de Dios en el hoy del mundo.

El Santuario, memoria del origen.
Es memoria de la obra de Dios: El santuario es ante todo lugar de la memoria de la acción poderosa de Dios en la historia, que ha dado origen al pueblo de la alianza y a la fe de cada uno de los creyentes. 
Es iniciativa que nace de lo alto: el santuario recuerda que la Iglesia nace de la iniciativa de Dios; iniciativa que la piedad de los fieles y la aprobación pública de la Iglesia reconocen en el acontecimiento que ha dado origen a cada santuario.
Es asombro y adoración: al misterio nos hemos de acercar con una actitud de asombro y de adoración, con un sentimiento de maravilla ante el don de Dios; por esto, en el santuario se entra con espíritu de adoración.     Es acción de gracias: en el santuario se entra, ante todo, para dar gracias, conscientes de que hemos sido amados por Dios antes de que nosotros fuéramos capaces de amarlo; el santuario recuerda, pues, que si no hay gratitud, el don se pierde; si el hombre no sabe dar gracias a su Dios que, cada día, incluso en la hora de la prueba, lo ama de modo nuevo, el don es ineficaz. 
Coparticipación y compromiso: el santuario nos impulsa a la solidaridad, a ser piedras vivas, que se sostienen mutuamente en la construcción, en torno a la piedra angular que es Cristo.

El santuario, lugar de la presencia divina. 
Lugar de la alianza: el santuario es el lugar del Espíritu, porque es el lugar en el cual la fidelidad de Dios nos llega y nos transforma. 
Lugar del encuentro sacramental: los santuarios son lugares privilegiados de las acciones sacramentales, especialmente de la Reconciliación y la Eucaristía, en los que la Palabra encuentra su actuación más densa y eficaz.
 Signo de esperanza: el santuario es profecía de nuestra Patria última y definitiva: el Reino de Dios, que se realizará cuando “pondré mi santuario en medio de ellos para siempre”, según la promesa del Eterno.      Invitación a la alegría: en el santuario, el pueblo de Dios aprende a ser la "Iglesia de la alegría".       Llamamiento a la conversión y a la renovación. Símbolo del cielo nuevo y de la tierra nueva
María, santuario vivo

La Virgen María es el santuario vivo del Verbo de Dios, el Arca de la alianza nueva y eterna.  En los múltiples santuarios marianos, afirmaba el Juan Pablo II, “no sólo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro con la Madre del Señor, con la que es bienaventurada porque ha creído; es la primera entre los creyentes y por esto se ha convertido en Madre del Emmanuel”.

Al acercarse a María, el peregrino debe sentirse llamado a vivir la dimensión pascual que gradualmente transforma su vida mediante la acogida a la Palabra, la celebración de los sacramentos y el compromiso en favor de los hermanos. El encuentro comunitario y personal con María, “estrella de la evangelización”, impulsará a los peregrinos, como animó a los Apóstoles, a anunciar con la palabra y el testimonio de vida las maravillas de Dios.

Los santuarios marianos son como la casa de la Madre, lugares para detenerse y descansar en el largo camino que lleva a Cristo; son hogares donde, mediante la fe sencilla y humilde de los “pobres de espíritu”, se vuelve a tomar contacto con las grandes riquezas que Cristo ha confiado y dado a la Iglesia, especialmente los sacramentos, la gracia, la misericordia, la caridad para con los hermanos que sufren y los enfermos. 

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