Valor del Mes: Asociarse
Lema del Mes: “Reúnanse todas las gentes y los pueblos” (Is 43,9)

El sacramento del Orden

Jesucristo continúa actuando en el tiempo y en la historia a través de los sacramentos de la Iglesia. Él asume las realidades de este mundo, las realidades de la creación, acompaña la historia humana, para que los hombres se conviertan, siempre más, y se configuren a Él. El sacramento del orden representa, en este sentido, una forma específica de esta presencia del Señor Resucitado entre los suyos. Él asume hombres a su servicio particular para actuar en medio de ellos. El Concilio Vaticano II, que puede ser considerado, sin duda, como una de las máximas síntesis del desarrollo doctrinal de la Iglesia, dice lo siguiente de los presbíteros:


"Ellos, habiendo recibido una nueva consagración a Dios mediante la ordenación, son elevados a la condición de instrumentos vivos de Cristo eterno sacerdote, para proseguir en el tiempo su admirable obra... Todo sacerdote, en el modo que le es propio, tiene por lo tanto el puesto de Cristo" (Presbyterorum Ordinis 12).
  
Los que han recibido este sacramento realizan una actividad en representación de Cristo Cabeza, es decir, representación de la dedicación de Cristo a los suyos hasta la muerte en la cruz.

Este sacramento tiene un carácter indeleble, es decir, que el don de representar a Cristo Cabeza es dado de una manera irrevocable y definitiva. Es un don ordenado al servicio; no es, por lo tanto, algo de mágico o de automático; se realiza en la acción y no sirve ciertamente para conferir una mayor dignidad personal.


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